17.11.06

Maldiciones

Suena el despertador. Son las cinco de la mañana y maldices al inventor de los despertadores. Todavía no te explicas porqué te tienes que levantar a estas horas cuando tu vuelo sale dentro de tres horas y que de seguro se retrasará. Sea como sea te levantas y miras a tu alrededor. La mochila está preparada junto al resto de bártulos que sabes no vas a utilizar pero que queda muy bien llevarlos. Saco, linterna, botiquín y demás abalorios. Piensas que sólo te falta el uniforme del Coronel Tapioca, con gorro incluido, aunque predices que verás a alguno de esos exploradores en el avión. Siempre pasa cuando se va a Somali. Sin darte cuenta, y sin tiempo a desayunar, en media hora te encuentras en el aeropuerto, luchando porque no se te caigan los pantalones en cada control de seguridad. Otro, otro, otro y al final llegas a la zona de espera donde, como no, tienes que esperar una hora mas por retraso. Perfecto. Te pones los cascos y te dedicas a observar a los compañeros de viaje. Etíopes de tierra alta que seguro van a hacer negocios, otros expatriados de los que intentas adivinar la nacionalidad, somalíes ricos que habrán llegado de los EEUU para ver a la familia, y turistas, muchos turistas. Esos seguro que se bajan en Dire Dawa. Nadie se adentra mas allá de Harar si no es por trabajo. Una pena piensas, seguro que Somali atraería a un montón de turistas, con la carne de camello como principal atracción. El mero pensamiento hace rugir al estómago. Tranquilo, mañana seguro que estarás devorando una pierna entera toda para ti. Te frotas mentalmente las manos y continuas con tu hobbie de observador.

Después de una espera interminable el avión despega y caes rendido en el asiento. Ni siquiera abres los ojos cuando oyes el carrito arrastrado por las azafatas. Sabes que toca lo de siempre: un pudding que se podría utilizar para lapidar a su cocinero. Te haces el dormido y sigues pensando en lo que te toca en los próximos días. Tu trasero se resiente recordando los baches de la última vez. Es en esos momentos cuando te preguntas si este trabajo merece la salud de tu trasero, si de hecho merece la pena tanto por resultados pequeños en la gran batalla. Y te vuelves a dormir sin querer pensar demasiado en eso. Sólo las turbulencias te vuelven a despertar. Miras por la ventana y ves las montañas que separan Somali del resto de Etiopía. Desde aquí arriba se puede observar mucho mejor las diferencias entre un lado y el otro, y tienes la sensación de que son zonas y realidades completamente diferentes. Intentas reconocer el paso de Karamarra, el punto geográfico que te hace sentir mas cerca de Jijiga cuando se viaja en coche. Pero desde aquí no se distingue nada. Todas las montañas parecen iguales, igual de muertas. Y cuando te vas a volver a dormir te sorprende una visión nueva de Somali. En toda su basta extensión se distinguen enormes líneas verdes que antes no estaban. La época de lluvias ha dejado montones de terrenos anegados que en un par de meses se volverán a convertir en esas extensiones amarillas a las que te has acostumbrado. Pero hasta que eso ocurra los agricultores se han dedicada a cultivar en grandes líneas, pintando verde sobre amarillo y aprovechando el agua hasta la última gota. Eso es eficiencia. No concuerda con el calor sofocante que te aplasta nada más bajar del avión. ¿Alguna vez había hecho ese calor? No lo recuerdas pero en lo único que piensas es en que ahora matarías por esos pantalones cortos estilo Coronel Tapioca que viste el “faranji” de delante. Maldices tus vaqueros y a su inventor.

Ahí están, el conductor y al que esta vez le ha tocado hacer de traductor, vistiendo su falda somalí y su sonrisa típica. Hace un mes y medio que no les has visto por culpa de las lluvias y la imposibilidad de desplazarse por las carreteras de tierra. Y eres consciente de todo ese tiempo por la efusividad de los abrazos y los besos. Adoras a los somalíes. A lo mejor por su personalidad tan “naive”, la misma que te trae loco a la hora de trabajar. Son tan agradables, tan majos y tan hospitalarios que Jijiga te vuelve a parecer tu casa. Mientras el coche te lleva a la oficina y Saeed, el traductor, te empieza a comentar las nuevas noticias de la zona, te pierdes observando la calle principal de Jijiga. Esas vallas tan suyas de los recintos, con piedras de colores y formas imposibles. Los dibujos de las tiendas. Los ancianos con su hena y su falda. Las talegas de chat. Las cafeterías y las conversaciones interminables. Las radios a todo gas con la BBC Somalí sonando. Los burro-taxis. La mezquita colosal. El mercado de camellos. Las tiendas de productos traídos desde Somaliland. Las carretillas con dátiles y frutas de todos los tipos. Reconoces Jijiga como una ciudad donde no te importaría vivir, sino fuera por la falta de cerveza, pero piensas que podrías superar la abstinencia con facilidad. Ahora mismo lo que menos te apetece es meterte en una oficina a preparar el viaje, pedir que te lleven a tal o a cual sitio y revisar todo lo que se ha hecho en un mes y medio de falta. Maldices la oficina, sólo quieres bajarte del coche y darte una vuelta por la ciudad. Pero eso sólo lo piensas para tus adentros y continuas dejando que Saeed te hable de la situación actual en Somalia.

Tus mofletes y tus brazos están cansados de tanto saludar y tanto besar cuando sales de la oficina. Después de las conversaciones y las seudo reuniones, te encuentras con todas las invitaciones habidas y por haber para tomar café, ir a cenar, ir a mascar chat. Optas por la posibilidad de cenar pescado fresco traído desde el puerto de Berbere en Somaliland, en el nuevo hotel Al-Naja. Parece que en Jijiga las cosas empiezan a ir bien. Nuevos hoteles, construcciones, una nueva estación de servicio, la universidad en construcción. Te preguntas cuanto durará ¿Qué pasará si hay una guerra abierta entre Somalia y Etiopía?, ¿con el Movimiento de Liberación Somalí?, ¿qué pasará si los Tribunales Islámicos llegasen hasta Jijiga? Ni una sola de tus preguntas se resuelven durante la cena. Sólo hay una cosa clara para tus compañeros y es que Etiopía nunca debió meterse en los asuntos de Somalia. Y percibes una vez mas, pero de forma diferente que desde el avión, que Somalí es una realidad completamente diferente. Te estremeces ante lo que eso significaría si hubiese guerra abierta. Callas y decides disfrutar del pescado fresco que hacía tanto no probabas. Maldices la falta de pescado en Etiopía y no estar viviendo en Jijiga.

A la mañana siguiente, todos tus miedos se hacen realidad. Salida a las 7 de la mañana, coche antiguo sin buena suspensión (y lo que eso implica para tu trasero), vuelta del calor sofocante y un dolor de estómago inminente por el full que te has metido entre pecho y espalda para desayunar (puré de judías pintas con cebolla y pimiento picante) Vuelves a maldecir, pero esta vez lo buena que está la comida somalí y la incapacidad para decir que no a los manjares que te presentan por las mañanas. El viaje se resume entre mas debate político, el lanzamiento mañana de la televisión Al-Jasira en inglés, información sobre proyectos, cambios en el planning del viaje, bromas y chistes verdes que tanto gustan a los somalíes. Cuando llegas a Harthe Sheik, son las 11 de la mañana y decidimos parar a charlar con los ancianos del pueblo cercano de Bayllaley. Allí La Caixa financió un proyecto de regeneración medioambiental, además de estar en proceso de conseguir financiación para construir una presa y un banco de forraje. Distingues a Muse y Brahan y Mohamud entre la multitud que llega con ganado para ser vendido en el mercado de Harthe Sheik. Son tres de los ancianos mas respetados y lloran cada vez que te ven llegar. De alegría esperas. Te sientas a tomar un café y hablar del futuro de su comunidad, cuando aparece Sadia, la representante de las mujeres. Adoro a esta mujer. Nunca se callará y nunca dejará que nadie le calle. Sin pensarlo te echa la mayor bronca de tu vida entre risas y bromas, por no haber conseguido ayuda para el taller de costura que tanto esperan. Sabe que las cosas llevan tiempo, pero le encanta picarte. Y cuando ha terminado contigo, la emprende sin miramientos contra los tres ancianos. Cuando se despide para hacer la compra del día, Muse, Brahan y Mohamud se miran y comentan que ha empezado una revolución feminista en su comunidad que no se parará. Sonríen y sentencian que las mujeres son mas fuertes que ellos. Esa escena en un pueblo musulmán perdido en Somali te llena de esperanza.

Sin darte cuenta el tiempo se ha echado encima hablando con la gente de Bayllaley. Todavía queda un camino largo hasta Harshin por carreteras inenarrables, así que decides comer en uno de los restaurantes de Harthe Sheik. El que llaman “el gurage” es famoso por su especialidad en camello, aunque el que lo lleve no sea somalí. Se te vuelven a revolver las tripas cuando entras en la carpa. Es la sensación habitual que ha ido disminuyendo con el tiempo. Esas mesas con mas mierda que el palo de un gallinero, esas moscas del tamaño de buitres leonados, esos restos por todo el suelo. Pero aguantar merece la pena. El gurage llega con dos trozos de camello brutales. No puedes distinguir que parte es pero da igual. Fantaseas con que sea la joroba. Dos camareros toman posiciones en cada extremo de la mesa y empiezan a cortar frenéticamente trozos exactos que caben perfectamente en la boca. Es como una competición. Tu plato nunca está vacío. Una y otra vez van cayendo trozos que se van mezclando con especie, arroz, ensalada y sorbos de sopa. Antes se amontonaban por la falta de coordinación, pero ahora no. Has cogido el mismo ritmo que tus compañeros y el resto del restaurante observa que no es la primera vez que has pasado por “el gurage”. Te empiezas a sentir el “show”. Piensas tu nombre artístico: “El Gurage presenta comida espectáculo con el Increíble Faranji Devorador de Camellos” Se lo comentas a tus compañeros y alguno que otro casi se atraganta de la risa, pero para tus adentros maldices el no poder pasar inadvertido.

Todavía con la coña del devorador, salimos para Harshin con el estómago mas que lleno. Por la noche tocará abstinencia y lo sabes. El sueño se quiere apoderar de ti y quieres dormir pero tus compañeros de viaje no te dejarán. Prefieren que nos dediquemos a discutir aspectos técnicos del proyecto. Nunca te acostumbraras a hacer eso mientras viajas, y menos aún en la tartana que te ha tocado esta vez. Maldices el coche y a su inventor. Y entre maldiciones distingues el árbol alto. El punto en la lejanía que índica que sólo quedan treinta minutos para llegar a Quala Ramalle, la zona del proyecto. El paisaje cambia una vez mas de sabanas y campos de pasto a tierras mas desérticas y arenosas, con bosques de acacias nilóticas aquí y allí. En mitad de uno de esos bosques es donde desde hace un año han estado construyendo una presa de 45.000m3. Has estado presente en todas las fases de construcción, desde el estudio y allanamiento del terreno, hasta el último viaje en que el primer depósito de cieno y el sistema de extracción se habían empezado a construir. En tu mente habías dibujado como sería el resultado final y siempre te había parecido una obra faraónica. Escalas las montañas de tierra que rodean la presa, toda ella sacada de la excavación del depósito principal. Nunca habías sido consciente de la cantidad de arena que han sacado hasta que has tenido que escalar esa mini montaña. En el futuro, estará cubierta de árboles y hierba autóctona, pero esa es otra historia. Lo que te preocupa ahora es ver el resultado de un año de construcción. Y cuando llegas a la cima, rodeado de tus compañeros y miembros de la comunidad, lo ves. Imponente, mecido por el viento, te encuentras ante un pequeño mar. Te quedas mirando embobado los márgenes y como las olas rompen contra él. “¡Hay olas!” Te sorprendes pensando. A uno de los ancianos se le saltan las lágrimas cuando se dirige a ti y te esfuerzas por no seguirle. Te llevan hasta el punto de recolección y ves surgir del grifo agua clara. ¡Agua clara! Miras el suelo arenoso y vuelves a mirar el grifo. No esperabas ese resultado. Reconoces para tus adentros lo escéptico que habías sido durante todos los viajes. Los somalíes tienden a exagerar pero esta vez estaban completamente en lo cierto. Y de repente, todas las maldiciones y todas las dudas se disipan. Ya no tienen importancia, ya no están ahí, ya no existen. Escudriñas en tu interior en vano. Lo único que importa ahora es mirar con orgullo las olas.

[vida del cooperante]

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27.10.06

10 años por 10 birr...

Selam era uno de los mejores estudiantes de su clase. Los profesores siempre le felicitaban revolviendo su pelo, mientras una sonrisa de orgullo se dibujaba en sus labios. Selam sabía que algún día llegaría lejos como algunas personas de su aldea. Iría a Addis Ababa, a la capital y encontraría un buen trabajo. Eso si acababa los estudios y convencía a sus padres para dejar de cuidar el ganado. Esa era su principal tarea por las tardes, cuidar de los animales de la gente rica de su aldea, en la orilla este del lago Langano. Pero la muerte de sus padres no entraba en los planes de Selam. Sin su apoyo, fue incapaz de pagar los gastos de la escuela y de su alojamiento.

En aquella época, adquirió una deuda de 10 birr para mantenerse...toda una fortuna. Nadie le ayudó a pagarla. Tuvo que huir de su aldea e iniciar un periplo como vagabundo que le llevó hasta Sudán. Allí, se convirtió en refugiado y durante un año, vivió en uno de los campos del ACNUR. Sin recordar cómo y porqué, y todavía siendo un niño, entró a formar parte del ejército de Meginsto, durante la época del Dergue. De Sudán, pasó a luchar en la guerra contra Eritrea, y sin darse cuenta, 10 años habían pasado desde que dejara su aldea.

Sin dudarlo, Selam llora cuando recuerda esos años, sobre todo los que pasó en el ejército. Era una vida fácil, comida, un lugar para dormir y un salario ridículo, cualquier cosa era mejor que vivir en la calle. Pero sus lágrimas cuentan la gente que vio morir. Muchos amigos, muchos supuestos enemigos. 10 años de su vida, por una deuda de 10 birr. El día que dejó el ejército, creyó pagada con creces su deuda. Y por suerte así fue.

Regresó a su aldea natal, donde el Consejo de Ancianos le proporcionó media hectárea de los que habían sido los terrenos de su familia. Trabajó muy duro durante dos años, haciéndolo esporádicamente también en Addis como estibador en Mercato. Llegó incluso a mendigar cuando el trabajo faltaba. Y cuando estuvo listo, retomó los estudios. Tres años más para terminar el instituto, del que salió con matrícula de honor. Las cosas nunca cambian, y él había vuelto a ser uno de los mejores estudiantes. Eso le sirvió para conseguir una beca para la universidad, donde eligió económicas. Muchos años de estudios, donde devoraba todos los libros que caían en sus manos. 10 años sin recordar cuánto le gustaba leer. En los años de universidad se resarció con creces. Muchas horas de estudio, muchas noches en vela que le llevaron a acabar la carrera con una de las notas mas altas de su promoción.

Ahora Selam es profesor adjunto de económicas en la universidad de Addis Ababa. Pero no quiere detenerse ahí. Su lucha se desarrolla en dos frentes. Por un lado, poder estudiar su doctorado fuera de Etiopía. Por otro, conseguir que los profesores, sean extranjeros o etíopes, cobren el mismo salario. Siempre se pregunta porqué su compañero indio gana 10 veces mas que él. Mismo trabajo, mismo salario dice.

Admiro a Selam, le admiro mientras cuenta esta historia abrazando a su hija de 7 años en el salón del pequeño apartamento que tiene cerca del campus. Su casa siempre está abierta a todos sus estudiantes, amigos e incluso desconocidos. Siempre hay una taza de café esperando, una esterilla donde tirarse, una buena conversación y una sonrisa. Ayuda a todo estudiante que ve con posibilidades. Le da pavor pensar que de no hacerlo, otra persona sufriría su misma historia por una deuda de 10 birr. Se desvive por ellos. No quiere que nadie vuelva a perder 10 años de su vida. De hecho, siempre te dirá que tiene 28 años, aunque su cara y su carné muestren 38. A pesar de todo, Selam es feliz, muy feliz. Y descubrimos como hacerle mucho mas feliz. Desde que nos contó esta historia, siempre que nos invita a su casa le llevamos como regalo un libro, muchas veces indescifrable para nosotros pero que él devora sin ningún problema.

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19.10.06

El apasionante mundo que habita debajo de mi cama

¡Hola a tod@s!

Creo que nunca os he hablado del apasionante mundo de la fauna etíope. Esta vez, quiero referir a los animales que habitan mi hogar.

Cuando me mudé a la preciosa Villa JC, me daba vértigo vivir solo. Tanto espacio (relativo) para mi, la primera casa propia, un jardín en condiciones...todo parecía tan grande y tan vacío al principio que durante mucho tiempo pensé que lo mejor hubiese sido compartir casa o hacerme con una mascota. Luego llegó mi Yusuf y las cosas mejoraron con creces, porque por lo menos tenía alguien con quien hablar, aunque no le entendiese al principio (ni ahora). Cuando todo parecía perfecto, empecé a ser consciente que ni mucho menos habitaba sólo en la casa...pequeños habitantes me rodeaban por doquier. Y no, no eran los Diminutos. Peor que eso...ni siquiera creo que sean insectos, sino seres infernales que pretenden hacerme la vida imposible.

1. “El Bicho Bola del Averno”: ¿Os acordáis cuando éramos canis que siempre jugábamos con estos bichitos tan simpáticos? ¡Se hacían una bola cuando los tocabas y ya tenías una mini-canica nueva! Que entrañables y que simpáticos. Pero no, no os dejéis engañar. El poder de estos bichitos reside en aparecer debajo de tu pié descalzo en cualquier momento, especialmente en la bañera. Así que te levantas con toda la legaña puesta, abres el grifo de la ducha y cuando crees que cualquier ser indeseable ha sido tragado por el desagüe, pisas...y ¡crack!...un precioso bicho bola menos. Hay que tener en cuenta que aquí son el doble de grandes de lo que yo recuerdo.

2. “Las Moscas de la Siesta”: Diréis: “Pues vaya, eso de las moscas lo hay en todos los países”. No, no como aquí. Sobre todo porque vienen en cuatro tamaños. Uno se acostumbra a los dos primeros: “La Mini-Mosca Cojonera” y “La Mosca de Toda la Vida”. El problema radica cuando ninguna de estas dos consiguen despertarte de la siesta. Entonces llaman por refuerzos y , aunque todas las ventanas estén cerradas a cal y canto y tú te hayas hecho fuerte en el salón, aparecen los otros dos tamaños. El tercero mas grande suele llegar en hordas: “La Mosca Verde de la Mierda”, la cual suele producirte mas asco que otra cosa. Pero la que acojona de verdad es “La Mosca Nodriza”. En mi vida había visto a un bicho tan grande, de verdad. Ha aparecido en mi vida últimamente y no sé, tengo miedo que pueda picarme, plantar huevos y acabar muerto rezumando mini-moscas cojoneras. Lo único bueno que tiene la cosa es que se la oye venir a 100 metros.

3. “Hormigas Asesinas”: “Bah, hormigas” Pero, reparar en el adjetivo: ¡asesinas! Sí, sí, como lo oís. Su única misión es devorarte...y es que las muy guarras muerden a mala leche. ¿Visteis “Cuando Ruge la Marabunta? Pues así me siento muchas tardes, tomando el papel de Charlton Heston con bote de spray en mano. Dato: como buenos seres infernales, aparecen cuando anochece.

4. “Hormigas Aladas, Marca Jódete” (atención, la descripción incluye vocabulario obsceno por el odio que las tengo): Esta versión de hormigas es menos voraz pero son mucho mas molestas, donde va a parar. La cosa es que suelen aparecer sólo una vez al año, y sólo una noche. Si bien no te producen daño físico directo, su misión no es otra que tocarte las narices. Me explico. Tú te acuestas una noche todo feliz porque te has tirado limpiando todo el día y la casa está como los chorros del oro. Es en ese día cuando hordas (y cuando digo hordas digo cienes y cienes) de hormigas aladas del tamaño como puños, se empiezan a colar por todas las rendijas de tu casa. Revolotean, se motan su orgía, y en lugar de irse, ¡las cabronas se mueren! Ahí, con dos cojones, en mitad de tu salón. Así que tú te levantas y te encuentras una alfombra de dos palmos de cadáveres de seres infectos. Y mientras te pones a barrer y a sacar montones y montones de estos bichos, piensas para tus adentros: “seguro que su última palabra fue ¡jódete!”.

5. “Arañas”: así en general porque sería imposible hacer una descripción de todas ellas. En diferentes formatos, colores, olores y sabores, se dedican a acojonar, mas que nada. Porque tú ves una araña de buen tamaño y gordita encima de la cama. La intentas matar porque claro, a nadie le gusta dormir con una araña. El problema radica en que son indestructibles. Así lanzas un golpe al aire salen corriendo, se meten debajo del edredón y cuando te pones a buscarla ¡ha desaparecido! Así que te pasas toda la noche pensando en donde se habrá metido y rascándote a cada rato. En sí, a las arañas las he cogido cierto cariño, sobre todo porque son enemigas del peor de los bichos de toda la lista, que por supuesto aparecerá al final de todo...como buen archienemigo.

6. “La Pulga Etíope”: en fin, qué decir de este bicho. Es inmortal, así sin mas. Lo hemos intentado todo: sol, permetrina, química varia, duchas de 100º, enfoscarnos en Relec, quemar la ropa, amaestrarlas etc, etc, etc. Es imposible deshacerse de ella aunque lo desees con todo tu alma y todo tu ser. El problema está en que cuando ella te abandona por voluntad propia (ya sea porque se ha cansado de tu sangre o porque no hay un centímetro de piel donde morder) puedes tardar cosa de 3 segundos en coger una nueva. Un taxi, un mendigo, una silla, un sofá, un hierbajo...están en todas partes y te vigilan. Dato curioso, me costó cosa de 6 meses saber cuál era su nombre en etíope, y es que la inmensa mayoría de los lugareños desconocen de su existencia, ¡porque no les pican! Otro dato curioso, tienen predilección por las lorzas de la gente.

7 “El ArchiMosquito”: y llega el malo malérrimo, el ser que tiene el poder de dejarte toda una noche en vela. La eslora de estos bichos puede ser apabullante. Diría hasta 5cm pero me llamaríais exagerado. Sea como sea, estos bichos son la maldad personificada, además de ser inmortales también. O eso, o se organizan para realizar ataques escalonados que duran toda la noche. El problema está cuando te armas con una zapatilla y empiezas tu propia partida de caza. Ayer me tiré hasta las 6 de la mañana sin dormir, los perseguí, los aplasté, cerré todas las rendijas posibles, registré todo...y a pesar de ello, siempre quedaba uno con vida. Lo impresionante de estos bichos es el tamaño que adquieren cuando han chupado tu preciosa sangre. De verdad, el mosquito español es microscópico comparados con estas bestias pardas. Uno de ellos era tan grande que hasta salpicó la sangre cuando le aplasté.

Una solución quiero que acaba con todos estos seres malignos. DDTs, sprays varios, armas de destrucción masiva...lo que sea. Se aceptan sugerencias.

15.9.06

Reflexiones varias

Muchas cosas han pasado en la segunda temporada en Etiopía e intentaré resumirlo todo lo mejor posible y ordenar un poco las ideas, aunque va a ser difícil porque todo me viene a la memoria al mismo tiempo sin saber cuando pasó realmente. Sea como sea, ahí vamos.

Cuando dejé Etiopía en Diciembre del año pasado, me iba con la incertidumbre de si volvería o no. En realidad, saber que volvería, lo sabía. Demasiado me había atraído este país como para no volver. La duda estaba en saber cuándo. Al final, aquí que estaba otra vez en Febrero dispuesto a arrasar. Sobre todo porque ya no era algo nuevo, conocía la cultura (o eso creía), la gente y sabía qué podía esperar y qué no. Con seis meses por delante esperaba conseguir muchas cosas que ahora parece que se pueden cumplir.

Comenzando por el tema laboral, el nuevo proyecto que empezamos con la Agencia Española de Cooperación en seguridad alimentaria en la comunidad de Ramale, a 20km de la ciudad de Harshin, en el Estado Regional de Somali, me tenía completamente emocionado. Cuatro actividades básicas se tenían previstas: la creación de un vivero para regenerar medioambientalmente la zona, la construcción de una presa para la recogida de lluvia con una capacidad de 45.000m3 (o lo que es lo mismo, agua para 20.000 personas y 70.000 cabezas de ganado en un año con una sola época de lluvias buena), la creación de un banco de forraje para los animales de 100ha. cuya producción será almacenada y distribuida durante las épocas secas y de sequía, y por última la capacitación de la población en la conservación de todas las infraestructuras y en su capacidad organizativa y de gestión.

En los meses que estuve aquí, 3 veces viajé a Harshin y me gustó lo que vi, me gustó mucho. Es esa sensación que produce el trabajo bien hecho. La última vez fui en Julio y para esa fecha el banco de forraje se había iniciado con 15ha. (aunque la producción de alfalfa no fuera muy bien por culpa de las lluvias), en el vivero crecían alrededor de 120.000 árboles y la presa casi se había terminado de excavar. Lo más impresionante era ver cómo arbolitos de mango y papaya crecían tímidamente. Cuando se piensa en Somali, uno ve extensiones de arena bajo un sol tórrido, pero no, eso no es lo que vi en el vivero. Sol, lo había, y tórrido, lo era, pero ni mucho menos sobre extensiones de arena muerta. Las plantas y los árboles crecen si se sabe como cultivarlos. Y aquí lo habían vuelto a conseguir. Eso mismo lo vi con el proyecto de regeneración medioambiental que financió La Caixa en otra zona, Bayllaley. Pero allí sólo pude ver los coletazos finales de 3 años de proyecto. Ahora lo estamos viendo desde el principio y si se consigue la mitad de lo que se consiguió en Bayllaley, me doy con un cantito en los dientes.

Sobre nuevas ideas y propuestas, qué decir. Han sido cientos las nuevas ideas para hacer proyectos. Todas ellas provenientes de las comunidades. No me dejo de sorprender de lo claro que tienen a dónde quieren llegar y como lo quieren hacer. Una sociedad desarrollada sin perder su rasgo mas identificativo: el desplazamiento en épocas secas. La gente pensará que una población seminómada no puede desarrollarse, pero ellos no piensan lo mismo. Y desde luego, a la luz de los resultados que consiguen con su trabajo, cada día estoy mas convencido de que otro tipo de desarrollo es posible. La solución es tan simple como adaptar los proyectos a sus necesidades reales y características propias. En el caso del desplazamiento es tan simple (y complejo) como dotar a las poblaciones de servicios que se desplacen con ellos: profesores, matronas, veterinarios, etc. Todo ello en el caso de servicios básicos. En el caso de servicios más complejos y especializados, construir las infraestructuras en las zonas donde haya mas desplazamiento y con acceso para el mayor número de personas. Lo mismo en el caso de puntos de agua, zonas de forraje, bosques comunitarios, etc. Todo ello sin olvidar el desarrollo de las comunidades ya asentadas, en parte a la fuerza o por haber perdido su principal fuente de alimento, ingreso, ahorro y status social: los animales.

Os cuento dos casos que me han impresionado de verdad de estos viajes por el desierto de Ogadén. Fuimos a visitar algunas cooperativas con las que Hope For The Horn, nuestro socio local, había estado trabajando desde hace tiempo. En especial quería conocer el caso de dos de ellas. Una de ellas, cercana a la frontera con Somalia, se dedica a la producción agrícola y ganadera con medios tradicionales. Su principal problema era el ataque de las hienas a los rebaños por las noches y que los pájaros arramblaban con toda la producción de cereales. Los jóvenes de la comunidad son creativos a mas no poder y se les ocurrió la solución mas simple y a la vez mas eficaz. En el caso de las hienas, lo solucionaron capturando dos crías de hiena que han amaestrado y convertido en “perros guardianes” del ganado por las noches. Lo curioso es que ni mucho menos atacan a las hienas salvajes. Su mecanismo de defensa es emitir sonidos de peligro. Así que las hienas salvajes se confunden y se van. Algo parecido hicieron con el caso de los pájaros, pero en este caso han amaestrado halcones. Todo un ejemplo.

La otra cooperativa que quería visitar es una creada por mujeres. Empezó hace 7 años en Horsheed y desde entonces se han convertido en una de la mas grandes de la zona. En si, el hecho de haber crecido en una zona dominada por hombres es un gran avance. Pero su principal logro es la reinversión de todos los beneficios que obtienen, no en su familia, sino en la comunidad al mantener proyectos educativos y sanitarios. Proyectos de los cuales se benefician otras comunidades cercanas. Y todo eso empezó con una inversión inicial de cada una de las participantes de 5 birr al mes (50 céntimos de euro). Acojonante.

12.9.06

Viajes: Yemen

Hoy toca algo diferente. Lo bueno de vivir en Addis es que te permite visitar países por un módico precio en cuanto tienes alguna celebración. Durante el año nuevo etíope (11 de Septiembre) decidimos hacer una pequeña escapada a Yemen para comprobar in situ las maravillas que hablaban de este país.

No sé si voy a poder describir lo que ha supuesto Yemen. Hacía mucho que no me sentía tan mal al irme de un lugar. Tal vez porque sólo han sido cuatro días. Muy bien aprovechados, eso sí. Pero qué cuatro días. Yemen es un paraíso. Ya no sólo por la cultura milenaria, la arquitectura, los restaurantes, los hamanes, la música, el qat (o chat), los narguiles, los pueblos de montaña, el comercio, etc, sino sobre todo por su gente. Es impresionante, de verdad...la hospitalidad a la enésima potencia, la sonrisa de oreja a oreja, el hablar con cualquiera, la felicidad de los niños, el buenrollo intergeneracional. Me encantaría poderos explicar lo que se siente paseando por las calles de Sana’a, pero es imposible. Lo he intentado escribir unas 10 veces y siempre me parecía pueril y sin sentido. Supongo que es lo que tiene intentar escribir sobre sensaciones.

En fin, por contaros alguna cosa concreta, nos quedamos en el hotel Sana’a Nights. Lo lleva un amigo de un amigo. El sitio impresionante. Situado en la ciudad vieja, es el típico rascacielos yemenita, de los antiguos...de unos 4 o 5 pisos. Lleno de pasillos y habitaciones en cada recodo. Con ventanitas por todos lados con los rosetones típicos de cristales de colores. Todo sin muebles, sólo alfombras y tres colchones en el suelo. Pero eso basta...y sobra de hecho. La habitación de tres con un baño y un salón compartido salía a 24 dólares la noche con desayuno incluído. Y la gente que trabaja allí...increíble...más que trabajadores son amigos. Gente con ganas de bromear, de reírse, de hablar, de conocerte. Creo que es uno de los mejores hoteles en los que he estado en mi vida. Y está a dos pasos del mercado...bueno, en sí toda la ciudad vieja es un enorme mercado, lleno de vida y de actividad que por la impresión que nos dio nunca duerme. Incluso paseando a las 12 de la noche, la gente trabaja y tiene las tiendas abiertas. Hablando con las tiendas de al lado, bromeando con los que pasas, tomándose un té mientras mastican qat...haciendo negocio pero disfrutando con ello. Impresiona la zona de las especias, de las frutas, de las jambiyas (si es que se escribe así...vamos, el puñal típico), de los dátiles, los molinos de aceite de sésamo accionados por camello, las mini tascas con pollos asados y pescados a la brasa, los puestos de zumos naturales, de telas...todo un espectáculo para la vista y los olores. El mercado de Sana’a hay que verlo...a cada paso te encuentras escenas sacadas de la misma Edad Media que te dejan boquiabierto.

Pero nada mas lejos de la realidad hablar de Yemen como un país atrasado. Es un país de comerciantes, con muchísima vida, anclado en un pasado pero en un pasado que les ha permitido mantener un nivel de vida aceptable, sostenible para su sociedad. La gente sigue vistiendo el traje típico por las calles, con sus puñales, sus chaquetas, sus futas y sus chals. Se sigue mascando qat y se sigue fumando en narguile. Se resguardando uno de las horas de sol y se sigue rezando todos los días a la llamada de la mezquita. Es una vida tranquila, como las de pueblo. Sin las necesidades que tenemos, sin el individualismo feroz, sin las ganas de “triunfar” que tenemos en nuestras sociedades. Es otra vida, otra cultura...que quieren cambiar. Me sorprendo todavía la campaña de desprestigio a Yemen. Un país de terroristas...en fin, no quiero meterme en ese tema.

Por otro lado hay que comentar también los puntos malos..muy malos de hecho, del país. La mujer no existe...es un fantasma. La vida pública es completamente del hombre, y cuando ella se presenta en público, lo tiene que hacer de forma que nadie se fije en ella. Todo ello a partir de la pubertad...hasta entonces las niñas son exactamente iguales a los niños. Pero luego todo cambia. Se va viendo cierta apertura...pero es un país tan arraigado en las tradiciones que mucho tendrá que avanzar para que se vea un cambio. Y lo que es más curioso..toda esta marginación se nota sobre todo en las ciudades. En las zonas rurales es algo mas diferente. Caras y cabezas descubiertas...mujeres fuertes que trabajan la tierra y cuidan de los animales, y que hablan con los hombres de forma normal. Son los únicos sitios donde hemos podido hablar con ellas...o que se han acercado a decirnos algo. Eso es impensable en mitad de un mercado de Sana’a. Pero los hombres las respetan y las protegen...y mucho. Demasiado...hasta el punto de considerarlas propiedad y no un igual.

Otro punto malo (y bueno a la vez) fue el haber ido en época de elecciones. Una movilización extrema de la población...cada persona apoyando a su candidato pegando carteles y pegatinas por toda al ciudad. Mal para las fotos, que los edificios estaban forrados hasta arriba con carteles de Julián Muñoz...si, si...el presidente de Yemen es idéntico a Julián Muñoz...de hecho estábamos pensado que se había escapado de la cárcel de Marbella y se había venido aquí a continuar con su carrera. Pero muy bien por el sentimiento democrático y por la importancia que le dan a las elecciones...vamos, igualitos que en nuestros países que la abstención es cada vez más patente. Eso si, como siempre el presidente no es un santo y seguro, seguro que vuelve a salir...y de los casos de corrupción mejor no hablar.

Cambiando de tercio, las zonas rurales son una pasada. Por falta de tiempo sólo pudimos hacer Yemen norte...o la zonas de montaña. El espectáculo es brutal. Pueblos con 12 siglos de historia construidos en las montañas mas altas. No recuerdo bien los nombres....recuerdo Manaka, Kawkajan o Tula. Este último como el más impresionante, con un castillo en un risco de 3000 metros de altura y una ciudad a los pies donde se pueden ver ventanas originales de alabastro, cisternas antiguas, casas de los antiguos artesanos judíos y un largo etc. Restaurado por la UNESCO, se ha convertido en un centro turístico donde se empieza a notar un poco el agobio de los comerciantes...eso si, mendicidad cero. A pesar de ello, son zonas pobres y muy degradadas. En el interior de los pueblos se acumulan las basuras (y sino intentad poner un servicio de camiones de recogida de basura para una ciudad de 20000 habitantes a 3000 metros de altura...una locura...algo tendrán que inventar), aunque el agua corriente y la electricidad llegó hace tiempo. La gente es pobre...pero come...y muy bien. Ese es otro de los puntos de Yemen, su cocina tan variada y tan sumamente rica. El “salta” es el plato típico...una especie de potaje que en cada sitio es diferente. Unos con legumbres, otros con carne con salsa, otros con verduras....o todo junto a la vez. Pero además de eso tienes diferentes tipos de arroces, rehogados de verduras, carnes cocidas y asadas, pescados a la plancha, pasteles con miel, zumos y frutas de toda clase, yogures...y panes...panes de leña...de los de verdad...y pitas...y bueno, que creo que ya vale de comida. Creo que he engordado cosa de 5kg en tan sólo 4 días.

Hay tantas cosas que contar de Yemen. Me encantaría poder contaros con detalle el estar en un hamman de 700 años de antigüedad o ver el baile típico de los puñales o descansar en la casa más alta del pueblo más alto de la montaña más alta. Sólo sé que quiero volver...a lo mejor en Noviembre si hay suerte. Quiero ver el Este...llegar hasta el desierto...y poder bajar al mar. Quiero ir a Socotra...una isla que hasta 1999 era de muy difícil acceso y que se mantiene casi intacta y virgen. Quiero volver a Sana’a y darme vueltas interminables por la ciudad. Lo que sí que sabía con seguridad era que no quería volver a Addis. Casi perdimos el avión por aprovechar hasta el ultimisimo segundo...pero no nos importaba...nos hubiésemos quedado una semana mas con tranquilidad. Pero el trabajo es el trabajo. Hoy me siento un extraño en Addis, con toda un resaca rodeándome por el año nuevo (ahora están en 1999)...pero me da igual. Hoy sigo soñando con Yemen...con lo que podría haber hecho si hubiese estado unos días mas...con la gente que he conocido allí.

7.9.06

Testimonios: hoy, el hijo secreto de Haile...

Haile Helassie se dice que fue el último rey de la dinastía que provenía de la noche de lujuria que se montaron la reina de Saba y el rey Salomón (algún día contaré esa historia, que es muy curiosa...para quien le interese claro). La cosa es que este personaje, además de un dictador, era también un dios. Se puede ser un dios en muchas cosas, pero este en concreto adquirió su divinidad haciendo que lloviera en Jamaica con su mera presencia. Este hecho y otros, aunque el que nos interesa es el de la lluvia, llevaron a que le montaran una religión, el rastafarianismo (el Haile se llamaba Ras Tafari). Y Etiopía se convirtió en la tierra prometida para los rastafaris.

Pero como en toda religión, siempre hay cosas que se intentan esconder o que se pueden reinterpretar según a uno le venga en gana. Lo que el rastafarianismo esconde no es otra cosa que Haile tuvo descendientes. Así como lo oyen. Descendientes que posiblemente tuvieron que huir del país cuando su padre fue asesinado por Meginsto, el siguiente “presidente” del Derge o el régimen comunista (después que se cargara también a otros dos presidentes que el mismo puso en el poder, Aman Andom y Tafari Banti). En fin, no mas divagaciones. Sea como sea, los descendientes de Haile acabaron en España. Seguro que acabaron allí, y no se sabe como, y porque obra milagrosa se unieron a la línea sanguínea de mi familia. ¿Porqué lo sé? Por el mero hecho que he heredado el poder de llevar la lluvia allí donde pongo un pie. Este poder podría molar e incluso ser útil si no fuera porque lo único que consigue el ser sobrenatural es problemas y mas problemas...así como un estrés desaforado.

Pruebas tengo a montones. Cualquier ciudad etíope en la que he estado ha llovido a raudales, pero mi poder se ha mostrado con toda su plenitud durante este último viaje a terreno. A Jijiga que intenté llegar el domingo en avión. Normalmente en época de lluvias el aeropuerto funciona un 10% de los días...pero claro, no era época de lluvias y no había llovido en meses así que me dije ¿porqué ir a Dire Dawa para tragarme luego 150km de baches y malas carreteras si puedo ir directamente a Jijiga? ¿porqué? Pues porque nada mas llegar el avión a cielos jijiguenses empezó a llover con lo que nos desviaron a Dire Dawa. El que yo estuviera en el avión no tenía nada que ver, claro.

Ya en Dire Dawa me dirigí a Harar para recoger a mis acompañantes, y de ahí a Jijiga. Que buena gente, por cierto. Y que buen tiempo oiga. Pero claro, buen tiempo porque el coche va mas rápido que las tormentas. Fue llegar a zona de proyecto, estar un par de horas viendo cosillas, tomarnos un cafelillo con las comunidades, hablar con una nueva asociación de mujeres...y sin darnos cuenta, quiero decir sin darme cuenta, desaté todo mi poder haciendo que el desierto de Ogaden se convirtiera en un océano (y eso que no había llovido en varios meses). En fin, que de ahí salimos hasta Harshin para dormir y poder ver otro proyecto al día siguiente (donde por supuesto llovió también) y después de vuelta para Jijiga y un par de comunidades en el camino (donde también llovió, sí, sí).

El martes por la noche dormí en Harar. Estuve gran parte del tiempo con mi “hijo adoptivo” Salomón, al cual es obligado visitar (¿coincidencia que el hijo Salomón sea rastafari?). Muy buenos descubrimientos en relación con bares aquella noche. Hago un inciso de información para turistas. Además de tener que usar a Salomón como guía (todo el mundo le conoce y merece la pena, que el chico siempre se lo ha currado mucho...y que conste que no me llevo comisión por esta afirmación), si alguien va para Harar no se puede perder el Tourist Bar, que aunque su nombre no apetezca nada, es un sitio etíope, etíope de los de verdad regentado además por un gurague, por lo que la música de este tipo suena mas de lo habitual, con la alegría que eso implica. Otro para música en directo es el National Hotel...y a eso de la 1 de la madrugada está muy animado. La zona es lo que llaman La Boute. Acabado el momento guía, llovió en Harar toda la noche. Y toda la mañana del miércoles. En fin, nos dirigimos luego a Dire Dawa a coger el avión, con el estrés que estaba lloviendo a cántaros también allí. Por suerte paró un poco por la noche y de vuelta a Addis, donde no os lo vais a creer, pero estaba lloviendo a cantaros también.

Y ese ha sido mi viaje a terreno que ha demostrado mi divinidad, así que espero una religión sobre mi persona antes de que acabe el año.

2.6.06

Viajes: Lalibella

Lalibella es una de las atracciones turísticas que el gobierno etíope intenta fomentar por todos los medios. Hace 5 años sólo se podía llegar a ella cogiendo un taxi-burro desde la ciudad mas cercana, Dessi. Ahora hay vuelos directos casi todos los días y la construcción de la carretera va muy bien por lo que nos contaron. Eso sí, todo esto entraña un problema del que no había sido consciente hasta ahora y que más adelante relataremos. Ahora, vamos a lo bonito.

Lalibella es una pasada sin más. En la misma ciudad (perdón, pueblillo) hay tres recintos con 13 iglesias en total, excavadas en la roca desde arriba hacia abajo. Si habéis visto Petra, posiblemente no os impresionen tanto, pero si no, es la primera vez en mi vida que he visto algo parecido. El tamaño de las construcciones es impresionante, aunque no la decoración. Son mas bien sobrias y muy pocas tienen frescos en el interior. Las que los tienen, desgraciadamente se han perdido porque no existe ningún tipo de restauración y todavía se siguen usando como centro de culto, que unido a la afluencia turística, esta destrozando una de las maravillas del mundo. En si Lalibella no tiene mas. Las iglesias son su principal y única atracción, eso sí, unas con mas atracciones que otras. En una te puedes encontrar al Increíble Cura que aún con gafas de sol en plena oscuridad ve a la perfección, la Increíble Columna que te hace desaparecer si la tocas, o el Increíble Trozo de Madera que si lo levantas seguro que vas al cielo pero que está prohibido tocarlo. Todo muy de creencias y fe, como la existencia del Arca Perdida (perdón, de la Alianza) en Axum, centro del rito etíope-ortodoxo. Por suerte, las prohibiciones sobre estos objetos, previenen que desaparezcan, porque lo que son los libros centenarios, las reliquias y las antigüedades, las usan y las meten unos sobes que vamos, en cincuenta años no queda nada con vida. Una pena. A pesar de ello, estoy convencido que las pulgas serán las que frenen el flujo de turistas porque eso si que es una atracción y el resto tonterías. La pulga de Lalibella es indestructible y no muere ni a tiros. Si una de ellas se aposenta en tus pliegues, vete preparando para sufrirla durante mucho, mucho, mucho tiempo.

En sí la ciudad es un infierno. Siento decirlo así, pero es lo que hay. Desde la construcción del aeropuerto y la llegada habitual de turistas, una gran parte de la población ha preferido dejar sus trabajos y estudios para dedicarse a la mendicidad. Hordas y más hordas de gente pidiendo y queriendo hacer de guía. Unido a que es una ciudad santa, la afluencia de mendigos, lisiados y leprosos es también considerable. Y quien avisa no es traidor. Lalibella me tocó muy dentro, y mira que había visto ya cosas duras. Pero como ese pueblo, nada comparable.

El mercado es muy recomendable, sobre todo por la parte de venta de sal y de especias, aunque si se es muy tiquismiquis con los olores mejor no pisarlo. La parte de animales también es muy chula y se puede ver la negociación entre comprador y vendedor con apretones de mano, de forma que los demás no sepan el precio final.

En si misma, Lalibella se puede considerar una de las maravillas del mundo, pero sólo si hacen algo con el pueblo y con la gente que allí vive. Una pena que la apertura al turismo haya hecho de la ciudad un centro de mendicidad.