27.10.06

10 años por 10 birr...

Selam era uno de los mejores estudiantes de su clase. Los profesores siempre le felicitaban revolviendo su pelo, mientras una sonrisa de orgullo se dibujaba en sus labios. Selam sabía que algún día llegaría lejos como algunas personas de su aldea. Iría a Addis Ababa, a la capital y encontraría un buen trabajo. Eso si acababa los estudios y convencía a sus padres para dejar de cuidar el ganado. Esa era su principal tarea por las tardes, cuidar de los animales de la gente rica de su aldea, en la orilla este del lago Langano. Pero la muerte de sus padres no entraba en los planes de Selam. Sin su apoyo, fue incapaz de pagar los gastos de la escuela y de su alojamiento.

En aquella época, adquirió una deuda de 10 birr para mantenerse...toda una fortuna. Nadie le ayudó a pagarla. Tuvo que huir de su aldea e iniciar un periplo como vagabundo que le llevó hasta Sudán. Allí, se convirtió en refugiado y durante un año, vivió en uno de los campos del ACNUR. Sin recordar cómo y porqué, y todavía siendo un niño, entró a formar parte del ejército de Meginsto, durante la época del Dergue. De Sudán, pasó a luchar en la guerra contra Eritrea, y sin darse cuenta, 10 años habían pasado desde que dejara su aldea.

Sin dudarlo, Selam llora cuando recuerda esos años, sobre todo los que pasó en el ejército. Era una vida fácil, comida, un lugar para dormir y un salario ridículo, cualquier cosa era mejor que vivir en la calle. Pero sus lágrimas cuentan la gente que vio morir. Muchos amigos, muchos supuestos enemigos. 10 años de su vida, por una deuda de 10 birr. El día que dejó el ejército, creyó pagada con creces su deuda. Y por suerte así fue.

Regresó a su aldea natal, donde el Consejo de Ancianos le proporcionó media hectárea de los que habían sido los terrenos de su familia. Trabajó muy duro durante dos años, haciéndolo esporádicamente también en Addis como estibador en Mercato. Llegó incluso a mendigar cuando el trabajo faltaba. Y cuando estuvo listo, retomó los estudios. Tres años más para terminar el instituto, del que salió con matrícula de honor. Las cosas nunca cambian, y él había vuelto a ser uno de los mejores estudiantes. Eso le sirvió para conseguir una beca para la universidad, donde eligió económicas. Muchos años de estudios, donde devoraba todos los libros que caían en sus manos. 10 años sin recordar cuánto le gustaba leer. En los años de universidad se resarció con creces. Muchas horas de estudio, muchas noches en vela que le llevaron a acabar la carrera con una de las notas mas altas de su promoción.

Ahora Selam es profesor adjunto de económicas en la universidad de Addis Ababa. Pero no quiere detenerse ahí. Su lucha se desarrolla en dos frentes. Por un lado, poder estudiar su doctorado fuera de Etiopía. Por otro, conseguir que los profesores, sean extranjeros o etíopes, cobren el mismo salario. Siempre se pregunta porqué su compañero indio gana 10 veces mas que él. Mismo trabajo, mismo salario dice.

Admiro a Selam, le admiro mientras cuenta esta historia abrazando a su hija de 7 años en el salón del pequeño apartamento que tiene cerca del campus. Su casa siempre está abierta a todos sus estudiantes, amigos e incluso desconocidos. Siempre hay una taza de café esperando, una esterilla donde tirarse, una buena conversación y una sonrisa. Ayuda a todo estudiante que ve con posibilidades. Le da pavor pensar que de no hacerlo, otra persona sufriría su misma historia por una deuda de 10 birr. Se desvive por ellos. No quiere que nadie vuelva a perder 10 años de su vida. De hecho, siempre te dirá que tiene 28 años, aunque su cara y su carné muestren 38. A pesar de todo, Selam es feliz, muy feliz. Y descubrimos como hacerle mucho mas feliz. Desde que nos contó esta historia, siempre que nos invita a su casa le llevamos como regalo un libro, muchas veces indescifrable para nosotros pero que él devora sin ningún problema.

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19.10.06

El apasionante mundo que habita debajo de mi cama

¡Hola a tod@s!

Creo que nunca os he hablado del apasionante mundo de la fauna etíope. Esta vez, quiero referir a los animales que habitan mi hogar.

Cuando me mudé a la preciosa Villa JC, me daba vértigo vivir solo. Tanto espacio (relativo) para mi, la primera casa propia, un jardín en condiciones...todo parecía tan grande y tan vacío al principio que durante mucho tiempo pensé que lo mejor hubiese sido compartir casa o hacerme con una mascota. Luego llegó mi Yusuf y las cosas mejoraron con creces, porque por lo menos tenía alguien con quien hablar, aunque no le entendiese al principio (ni ahora). Cuando todo parecía perfecto, empecé a ser consciente que ni mucho menos habitaba sólo en la casa...pequeños habitantes me rodeaban por doquier. Y no, no eran los Diminutos. Peor que eso...ni siquiera creo que sean insectos, sino seres infernales que pretenden hacerme la vida imposible.

1. “El Bicho Bola del Averno”: ¿Os acordáis cuando éramos canis que siempre jugábamos con estos bichitos tan simpáticos? ¡Se hacían una bola cuando los tocabas y ya tenías una mini-canica nueva! Que entrañables y que simpáticos. Pero no, no os dejéis engañar. El poder de estos bichitos reside en aparecer debajo de tu pié descalzo en cualquier momento, especialmente en la bañera. Así que te levantas con toda la legaña puesta, abres el grifo de la ducha y cuando crees que cualquier ser indeseable ha sido tragado por el desagüe, pisas...y ¡crack!...un precioso bicho bola menos. Hay que tener en cuenta que aquí son el doble de grandes de lo que yo recuerdo.

2. “Las Moscas de la Siesta”: Diréis: “Pues vaya, eso de las moscas lo hay en todos los países”. No, no como aquí. Sobre todo porque vienen en cuatro tamaños. Uno se acostumbra a los dos primeros: “La Mini-Mosca Cojonera” y “La Mosca de Toda la Vida”. El problema radica cuando ninguna de estas dos consiguen despertarte de la siesta. Entonces llaman por refuerzos y , aunque todas las ventanas estén cerradas a cal y canto y tú te hayas hecho fuerte en el salón, aparecen los otros dos tamaños. El tercero mas grande suele llegar en hordas: “La Mosca Verde de la Mierda”, la cual suele producirte mas asco que otra cosa. Pero la que acojona de verdad es “La Mosca Nodriza”. En mi vida había visto a un bicho tan grande, de verdad. Ha aparecido en mi vida últimamente y no sé, tengo miedo que pueda picarme, plantar huevos y acabar muerto rezumando mini-moscas cojoneras. Lo único bueno que tiene la cosa es que se la oye venir a 100 metros.

3. “Hormigas Asesinas”: “Bah, hormigas” Pero, reparar en el adjetivo: ¡asesinas! Sí, sí, como lo oís. Su única misión es devorarte...y es que las muy guarras muerden a mala leche. ¿Visteis “Cuando Ruge la Marabunta? Pues así me siento muchas tardes, tomando el papel de Charlton Heston con bote de spray en mano. Dato: como buenos seres infernales, aparecen cuando anochece.

4. “Hormigas Aladas, Marca Jódete” (atención, la descripción incluye vocabulario obsceno por el odio que las tengo): Esta versión de hormigas es menos voraz pero son mucho mas molestas, donde va a parar. La cosa es que suelen aparecer sólo una vez al año, y sólo una noche. Si bien no te producen daño físico directo, su misión no es otra que tocarte las narices. Me explico. Tú te acuestas una noche todo feliz porque te has tirado limpiando todo el día y la casa está como los chorros del oro. Es en ese día cuando hordas (y cuando digo hordas digo cienes y cienes) de hormigas aladas del tamaño como puños, se empiezan a colar por todas las rendijas de tu casa. Revolotean, se motan su orgía, y en lugar de irse, ¡las cabronas se mueren! Ahí, con dos cojones, en mitad de tu salón. Así que tú te levantas y te encuentras una alfombra de dos palmos de cadáveres de seres infectos. Y mientras te pones a barrer y a sacar montones y montones de estos bichos, piensas para tus adentros: “seguro que su última palabra fue ¡jódete!”.

5. “Arañas”: así en general porque sería imposible hacer una descripción de todas ellas. En diferentes formatos, colores, olores y sabores, se dedican a acojonar, mas que nada. Porque tú ves una araña de buen tamaño y gordita encima de la cama. La intentas matar porque claro, a nadie le gusta dormir con una araña. El problema radica en que son indestructibles. Así lanzas un golpe al aire salen corriendo, se meten debajo del edredón y cuando te pones a buscarla ¡ha desaparecido! Así que te pasas toda la noche pensando en donde se habrá metido y rascándote a cada rato. En sí, a las arañas las he cogido cierto cariño, sobre todo porque son enemigas del peor de los bichos de toda la lista, que por supuesto aparecerá al final de todo...como buen archienemigo.

6. “La Pulga Etíope”: en fin, qué decir de este bicho. Es inmortal, así sin mas. Lo hemos intentado todo: sol, permetrina, química varia, duchas de 100º, enfoscarnos en Relec, quemar la ropa, amaestrarlas etc, etc, etc. Es imposible deshacerse de ella aunque lo desees con todo tu alma y todo tu ser. El problema está en que cuando ella te abandona por voluntad propia (ya sea porque se ha cansado de tu sangre o porque no hay un centímetro de piel donde morder) puedes tardar cosa de 3 segundos en coger una nueva. Un taxi, un mendigo, una silla, un sofá, un hierbajo...están en todas partes y te vigilan. Dato curioso, me costó cosa de 6 meses saber cuál era su nombre en etíope, y es que la inmensa mayoría de los lugareños desconocen de su existencia, ¡porque no les pican! Otro dato curioso, tienen predilección por las lorzas de la gente.

7 “El ArchiMosquito”: y llega el malo malérrimo, el ser que tiene el poder de dejarte toda una noche en vela. La eslora de estos bichos puede ser apabullante. Diría hasta 5cm pero me llamaríais exagerado. Sea como sea, estos bichos son la maldad personificada, además de ser inmortales también. O eso, o se organizan para realizar ataques escalonados que duran toda la noche. El problema está cuando te armas con una zapatilla y empiezas tu propia partida de caza. Ayer me tiré hasta las 6 de la mañana sin dormir, los perseguí, los aplasté, cerré todas las rendijas posibles, registré todo...y a pesar de ello, siempre quedaba uno con vida. Lo impresionante de estos bichos es el tamaño que adquieren cuando han chupado tu preciosa sangre. De verdad, el mosquito español es microscópico comparados con estas bestias pardas. Uno de ellos era tan grande que hasta salpicó la sangre cuando le aplasté.

Una solución quiero que acaba con todos estos seres malignos. DDTs, sprays varios, armas de destrucción masiva...lo que sea. Se aceptan sugerencias.