2.6.06

Viajes: Lalibella

Lalibella es una de las atracciones turísticas que el gobierno etíope intenta fomentar por todos los medios. Hace 5 años sólo se podía llegar a ella cogiendo un taxi-burro desde la ciudad mas cercana, Dessi. Ahora hay vuelos directos casi todos los días y la construcción de la carretera va muy bien por lo que nos contaron. Eso sí, todo esto entraña un problema del que no había sido consciente hasta ahora y que más adelante relataremos. Ahora, vamos a lo bonito.

Lalibella es una pasada sin más. En la misma ciudad (perdón, pueblillo) hay tres recintos con 13 iglesias en total, excavadas en la roca desde arriba hacia abajo. Si habéis visto Petra, posiblemente no os impresionen tanto, pero si no, es la primera vez en mi vida que he visto algo parecido. El tamaño de las construcciones es impresionante, aunque no la decoración. Son mas bien sobrias y muy pocas tienen frescos en el interior. Las que los tienen, desgraciadamente se han perdido porque no existe ningún tipo de restauración y todavía se siguen usando como centro de culto, que unido a la afluencia turística, esta destrozando una de las maravillas del mundo. En si Lalibella no tiene mas. Las iglesias son su principal y única atracción, eso sí, unas con mas atracciones que otras. En una te puedes encontrar al Increíble Cura que aún con gafas de sol en plena oscuridad ve a la perfección, la Increíble Columna que te hace desaparecer si la tocas, o el Increíble Trozo de Madera que si lo levantas seguro que vas al cielo pero que está prohibido tocarlo. Todo muy de creencias y fe, como la existencia del Arca Perdida (perdón, de la Alianza) en Axum, centro del rito etíope-ortodoxo. Por suerte, las prohibiciones sobre estos objetos, previenen que desaparezcan, porque lo que son los libros centenarios, las reliquias y las antigüedades, las usan y las meten unos sobes que vamos, en cincuenta años no queda nada con vida. Una pena. A pesar de ello, estoy convencido que las pulgas serán las que frenen el flujo de turistas porque eso si que es una atracción y el resto tonterías. La pulga de Lalibella es indestructible y no muere ni a tiros. Si una de ellas se aposenta en tus pliegues, vete preparando para sufrirla durante mucho, mucho, mucho tiempo.

En sí la ciudad es un infierno. Siento decirlo así, pero es lo que hay. Desde la construcción del aeropuerto y la llegada habitual de turistas, una gran parte de la población ha preferido dejar sus trabajos y estudios para dedicarse a la mendicidad. Hordas y más hordas de gente pidiendo y queriendo hacer de guía. Unido a que es una ciudad santa, la afluencia de mendigos, lisiados y leprosos es también considerable. Y quien avisa no es traidor. Lalibella me tocó muy dentro, y mira que había visto ya cosas duras. Pero como ese pueblo, nada comparable.

El mercado es muy recomendable, sobre todo por la parte de venta de sal y de especias, aunque si se es muy tiquismiquis con los olores mejor no pisarlo. La parte de animales también es muy chula y se puede ver la negociación entre comprador y vendedor con apretones de mano, de forma que los demás no sepan el precio final.

En si misma, Lalibella se puede considerar una de las maravillas del mundo, pero sólo si hacen algo con el pueblo y con la gente que allí vive. Una pena que la apertura al turismo haya hecho de la ciudad un centro de mendicidad.