15.9.06

Reflexiones varias

Muchas cosas han pasado en la segunda temporada en Etiopía e intentaré resumirlo todo lo mejor posible y ordenar un poco las ideas, aunque va a ser difícil porque todo me viene a la memoria al mismo tiempo sin saber cuando pasó realmente. Sea como sea, ahí vamos.

Cuando dejé Etiopía en Diciembre del año pasado, me iba con la incertidumbre de si volvería o no. En realidad, saber que volvería, lo sabía. Demasiado me había atraído este país como para no volver. La duda estaba en saber cuándo. Al final, aquí que estaba otra vez en Febrero dispuesto a arrasar. Sobre todo porque ya no era algo nuevo, conocía la cultura (o eso creía), la gente y sabía qué podía esperar y qué no. Con seis meses por delante esperaba conseguir muchas cosas que ahora parece que se pueden cumplir.

Comenzando por el tema laboral, el nuevo proyecto que empezamos con la Agencia Española de Cooperación en seguridad alimentaria en la comunidad de Ramale, a 20km de la ciudad de Harshin, en el Estado Regional de Somali, me tenía completamente emocionado. Cuatro actividades básicas se tenían previstas: la creación de un vivero para regenerar medioambientalmente la zona, la construcción de una presa para la recogida de lluvia con una capacidad de 45.000m3 (o lo que es lo mismo, agua para 20.000 personas y 70.000 cabezas de ganado en un año con una sola época de lluvias buena), la creación de un banco de forraje para los animales de 100ha. cuya producción será almacenada y distribuida durante las épocas secas y de sequía, y por última la capacitación de la población en la conservación de todas las infraestructuras y en su capacidad organizativa y de gestión.

En los meses que estuve aquí, 3 veces viajé a Harshin y me gustó lo que vi, me gustó mucho. Es esa sensación que produce el trabajo bien hecho. La última vez fui en Julio y para esa fecha el banco de forraje se había iniciado con 15ha. (aunque la producción de alfalfa no fuera muy bien por culpa de las lluvias), en el vivero crecían alrededor de 120.000 árboles y la presa casi se había terminado de excavar. Lo más impresionante era ver cómo arbolitos de mango y papaya crecían tímidamente. Cuando se piensa en Somali, uno ve extensiones de arena bajo un sol tórrido, pero no, eso no es lo que vi en el vivero. Sol, lo había, y tórrido, lo era, pero ni mucho menos sobre extensiones de arena muerta. Las plantas y los árboles crecen si se sabe como cultivarlos. Y aquí lo habían vuelto a conseguir. Eso mismo lo vi con el proyecto de regeneración medioambiental que financió La Caixa en otra zona, Bayllaley. Pero allí sólo pude ver los coletazos finales de 3 años de proyecto. Ahora lo estamos viendo desde el principio y si se consigue la mitad de lo que se consiguió en Bayllaley, me doy con un cantito en los dientes.

Sobre nuevas ideas y propuestas, qué decir. Han sido cientos las nuevas ideas para hacer proyectos. Todas ellas provenientes de las comunidades. No me dejo de sorprender de lo claro que tienen a dónde quieren llegar y como lo quieren hacer. Una sociedad desarrollada sin perder su rasgo mas identificativo: el desplazamiento en épocas secas. La gente pensará que una población seminómada no puede desarrollarse, pero ellos no piensan lo mismo. Y desde luego, a la luz de los resultados que consiguen con su trabajo, cada día estoy mas convencido de que otro tipo de desarrollo es posible. La solución es tan simple como adaptar los proyectos a sus necesidades reales y características propias. En el caso del desplazamiento es tan simple (y complejo) como dotar a las poblaciones de servicios que se desplacen con ellos: profesores, matronas, veterinarios, etc. Todo ello en el caso de servicios básicos. En el caso de servicios más complejos y especializados, construir las infraestructuras en las zonas donde haya mas desplazamiento y con acceso para el mayor número de personas. Lo mismo en el caso de puntos de agua, zonas de forraje, bosques comunitarios, etc. Todo ello sin olvidar el desarrollo de las comunidades ya asentadas, en parte a la fuerza o por haber perdido su principal fuente de alimento, ingreso, ahorro y status social: los animales.

Os cuento dos casos que me han impresionado de verdad de estos viajes por el desierto de Ogadén. Fuimos a visitar algunas cooperativas con las que Hope For The Horn, nuestro socio local, había estado trabajando desde hace tiempo. En especial quería conocer el caso de dos de ellas. Una de ellas, cercana a la frontera con Somalia, se dedica a la producción agrícola y ganadera con medios tradicionales. Su principal problema era el ataque de las hienas a los rebaños por las noches y que los pájaros arramblaban con toda la producción de cereales. Los jóvenes de la comunidad son creativos a mas no poder y se les ocurrió la solución mas simple y a la vez mas eficaz. En el caso de las hienas, lo solucionaron capturando dos crías de hiena que han amaestrado y convertido en “perros guardianes” del ganado por las noches. Lo curioso es que ni mucho menos atacan a las hienas salvajes. Su mecanismo de defensa es emitir sonidos de peligro. Así que las hienas salvajes se confunden y se van. Algo parecido hicieron con el caso de los pájaros, pero en este caso han amaestrado halcones. Todo un ejemplo.

La otra cooperativa que quería visitar es una creada por mujeres. Empezó hace 7 años en Horsheed y desde entonces se han convertido en una de la mas grandes de la zona. En si, el hecho de haber crecido en una zona dominada por hombres es un gran avance. Pero su principal logro es la reinversión de todos los beneficios que obtienen, no en su familia, sino en la comunidad al mantener proyectos educativos y sanitarios. Proyectos de los cuales se benefician otras comunidades cercanas. Y todo eso empezó con una inversión inicial de cada una de las participantes de 5 birr al mes (50 céntimos de euro). Acojonante.