Primer viaje al terreno
¡Hola a todos!
El trabajo de oficina te come cuando estás en Addis. En sí, toda la ciudad te come si pasas mucho tiempo metido en ella. El tráfico, el agobio, el caos...y sobre todo el estar trabajando por comunidades que tienes a tiro de piedra pero que todavía no conoces. Siempre estás deseando ir a terreno y cuando vas por primera vez, tu perspectiva de las cosas cambian radicalmente. Sobre todo es un empuje para tu trabajo porque es mucho más fácil escribir y plasmar la realidad en palabras cuando le has puesto cara a la gente. Ahora todo es mucho más claro.
Todo empezó con un viaje de fin de semana a Harar, en el Este del país y a escasos 100km de Jijiga, la capital de la región de Somali. Es allí donde el socio local Hope for the Horn desarrolla sus proyecto, en concreto en los distritos que se encuentran en la frontera con Somalia.
Harar fue un viaje de placer y una buena forma de acostumbrarse a otra realidad. Fue como una cámara de despresurización de Addis. Es una de esas ciudades viejas, con callejuelas pequeñas, recodos, cuestas...de esas en las que te puedes perder y encontrarte mil veces en el mismo día. Cuenta con una muralla con sus cinco puertas, cada una de ellas con su historia y su mercado. Es uno de los centros musulmanes, con 99 mezquitas desperdigadas por la parte nueva y la vieja. Pero no sólo viven musulmanes, son cosa del 90%...también hay ortodoxos...y lo bonito es que conviven casi todas las etnias en paz y armonía. No sé, me dio muy buen rollo este sitio. Todo muy tranquilo...sería el sitio ideal para retirarse. Que es lo que más o menos ha hecho un español, Carlos, que se ha venido a esta ciudad. Se casó con una chica de Harar y aquí que se ha venido a pintar...muy chula su obra...el tío la verdad es que es un genio. Debe ser que la ciudad los atrae, porque otro genio que he conocido aquí ha sido a Rimbaud...un poeta francés, de esos que llamaban los malditos. La diferencia con Carlos es que este está muerto y enterrado. Tiene un museo precioso, la antigua casa donde vivía...restaurada por el gobierno francés. La principal atracción de la ciudad es el Hombre Hiena, hasta Perez Reverte se vino a hacerle un reportaje. Está en las afueras de la ciudad y todas las noches se dedica a alimentar las hienas que pueblan los alrededores de Harar. Se dice que es por tradición religiosa...pero personalmente me quedó con que están más amaestradas que la perra Lassie y que es un reclamo para sacarle pelas al faranji. Eso sí, muy chulo tener a las hienas al lado tuyo...así muy en plan rollo safari park...eso sí, sin vallas y sin protecciones, que conste. Otra atracción muy curiosa de Harar es el chat....la droga oficial de este país, muy parecida a la hoja de coca. Aquí es impresionante la cantidad de gente que la toma y el daño que les ha hecho...por las aceras hay auténticos despojos humanos que comparten los restos de las ramas con las cabras (y sí, utilizo despojo porque hay personas que llegan a perder todo lo que son...es como si el chat les sacara el alma y sólo quedasen bolsas de huesos y piel cuyo único interés es seguir mascado y mascando hasta perder los dientes...es impresionante como la sociedad puede aceptar tan bien esta droga aún a pesar de ver sus efectos a diario).
Bueno, sobre Harar habría mucho más que contar...muchos sitios y mucha buena comida....bueno, muchos buenos huevos porque es lo único que he comido en este sitio :-p El lunes me vinieron a buscar para ir de Harar a Jijiga...muy majetos los de la oficina de Jijiga...el viaje mazo chulo, sobre todo por las vistas de especial interés para los geólogos...bueno, en especial para las geólogas por la forma de las rocas :-p El Valle de las Maravillas lo llaman. Los paisajes son además tremendos...sobre todo cuando se llega a los planos de antes de entrar en la región de Somali....es todo plano y verde...con un montón de plantaciones desperdigadas y rebaños de bueyes y camellos por todos lados. De repente aparecen unas montañas imponentes delante con una carretera que cruza la parte más baja...el paso de Ganarra...el que lleva a la ciudad de Jijiga y a la región de Somali. Y cuando pasas las montañas el paisaje cambia radicalmente...mucho más calor, mucho más amarillo, mucho más polvo...todo es más desértico, mas plano y más extenso...es una visión que acojona un poco...más que acojonar supongo que agobia tanta amplitud. Y en medio de toda esa inmensidad se vé la ciudad de Jijiga, un conglomerado de casas bajas que ha ido creciendo según llegaba gente de las zonas rurales afectadas por la sequía, contrabandistas de artículos de electrónica provenientes de Somalia y multitud de otros comerciantes, entre ellos los de chat. La gente es menos amigable que en Harar, están menos acostumbrados a los faranji, porque esto no es una ciudad turística...es un centro de negocios somalí. Muy curiosos los mini-buses de aquí....carros tirados por burros....inundan las calles y los coches escasean.
El punto flaco de la zona es su cocica: pasta, arroz o carne....es lo único que sirven la mayor parte de los restaurantes...ensaladas y frutas escasas...así que hay que ceñirse a una dieta alta en proteínas e hidratos de carbono. Eso sí, me encanta esto. Ayer paseé por el mercado y es la tremendo. Mucho mejor que Mercato, mucho mejor que el de Harar (exceptuando la parte de las especias)...tiene mogollón de encanto...al igual que toda la ciudad...no hay nada que ver, no es bonita, no tiene sitios para salir, no tiene comodidades...pero tiene encanto y mucho. Tampoco se porqué...a lo mejor por las pinturas que cubren todas las tiendas...si es de música te pintarán unas notas, un CD o un radiocassette...si es de cosméticos pues un champú y un par de pintalabios...si es una peluquería pues ya os lo imaginais. Eso le da mazo de colorido a todo, a lo que se unen las falditas en plan rollo pareo de los chicos y las telas con las que van vestidas las tías, preciosas.
Durante la estancia en Jijia fuimos a visitar uno de los proyectos cercanos, en la comunidad de Harre, a 30km. Con 300.000 EUR se ha cambiado la vida de miles de personas...que tienen un montón de necesidades....pero ahora por lo menos tienen agua, comida y educación....y todo eso se ha conseguido en un paraje destinado a convertirse en un desierto...hay que ver lo que la voluntad y los buenos proyectos pueden conseguir.
Al día siguiente salimos hacia Harte Sheik, uno de los antiguos campos de refugiados del ACNUR, a 100km de Jijiga. Es un viaje bastante tranquilo hasta que se pasa el campo de Kebri Bayeh. A partir de ahí la carretera está asfaltada con socavones y no se puede recorrer si no es en Land Rover. Ahora entiendo el porqué de las partidas de mantenimiento de vehículo. La visión al entrar en Harte Sheik es tremenda...no hay nada. Lo único que dejaron los refugiados fue suciedad, bolsas de plástico incrustadas en el terreno por 7 años de estancia, letrinas llenas por todas partes y la deforestación de toda la zona. Sólo existe un mercado floreciente de artículos de contrabando desde la frontera con Somalia y desde Djibouti...todo tipo de cosas a precios bastante más baratos que en Addis, excepto los productos básicos que son más caros por ser de importación. Una de las noches, uno de los ancianos de la comunidad me dijo: “Esa Coca Cola que te estás tomando cuesta en otras partes 2 birr. A nosotros nos cuesta 6 por venir de Djibouti...esa es la máxima expresión de nuestra marginación”. En Harte Sheik no hay servicios sanitarios, ni veterinarios, ni agua potable. La electricidad proviene de un generador que cubre las necesidades de una mínima parte del asentamiento y se apaga a las 22:30 para ahorrar. A esa hora salen a la calle los guardas con sus metralletas a proteger el asentamiento de bandidos y de hienas. Nosotros dormíamos en una de las pocas construcciones que no tienen formato chabola...el antiguo compound del ACNUR. No me hubiese importado dormir en esas “chabolas” porque por dentro son la leche de acogedoras...es lo que tienen las casas típicas somalíes: cutres por fuera, cojines y alfombras por dentro. Pero ya se sabe, la seguridad lo primero. A pesar de ello el compound se componía de una caseta de guarda y dos mini habitaciones sin ventanas con un par de colchones en el suelo...ni ducha, ni baños, ni agua, ni enchufes...vamos, el Seraton de Harte Sheik.
La comida, bueno...un caso a parte...arroz, espagueti y carne de camello...todo junto en macro bandejas....montañas de ello....y bueno, no apto para estómagos débiles ni gente escrupulosa. Intentad comer espagueti con una sola mano (porque usar la izquierda está mal visto)...o arroz. El truco está en coger una gran cantidad con los dedos y luego darle vueltas hasta que todo quede depositado en la palma...una vez eso hecho el resto es fácil, pero no agradable...por lo menos para los faranji. No sólo por la velocidad a la que come la gente, los ruidos y los sorbos, sino porque además es señal de respeto dar de comer al invitado...y no, no es agradable que el alcalde te meta un trozo de carne de camello en la boca con sus dedos rechupeteados. La primera vez cuesta pero bueno, a las siguientes te acostumbras y piensas: “si en la primera no me cogí una diarrea, ahora tampoco me la voy a tener porque coger”...y realmente luego ves que la limpieza de las manos antes de comer es extrema...así que no hay problema en ese sentido...el único problema viene de nuestra educación respecto a lo que es comer y como actuar. Realmente el único problema con la comida vino por la carne de camello y de cabra...demasiado fuerte para lo que estamos acostumbrados...aún todavía tengo ese sabor metido en la nariz. Lo mismo que con la leche...y peor aún, con el hígado...ese es el desayuno típico....hígado de camello....y eso es lo que tuve que desayunar. Lo único bueno es que te daba energía para aguantar carros y carretas. Por cierto, que también he probado la otra comida típica...vamos, el chat. Más malo que la madre que lo parió...cogeros unas hojas de parra y poneros a mascarlas porque es el mismo sabor.
Lo bueno es el rollo en que se toma...todos sentados en una habitación, relajaos y hablando de todo....es así como muy social......el efecto una tontería, como tomarse un par de cervezas....aunque bueno, yo tomé relativamente poco por el sabor tan amargo que tiene. Sobre otros efectos derivados de meterse un arbusto entero ya no comento nada :-p Comer chat es una obligación más que un placer, sobre todo porque a partir de las 15:00 no habrá nadie trabajando y estará todo el mundo mascando chat...así que si se quiere tener una reunión a partir de esa hora no queda otra.
Pues bueno, a 10km de Harte Sheik está el proyecto que tenía que visitar...en Bayllaley...y joer que sorpresa. Cuando te vas acercando a la zona empiezas a ver los resultados de tres años de regeneración medioambiental: bosques comunitarios y campos de pastos por todas partes. Es una sensación rara ver esos arbolitos en mitad de las llanuras estas...parece que es una acción tan pequeña comparado con la inmensidad de este país. Pero luego ves a la comunidad y hablas con la gente y esa sensación cambia porque es la gente el centro del proyecto, no el espacio que les rodea. Eso lo notas con mayor intensidad cuando te llevan a ver su mini bosque privado. Imaginad una llanura amarilla enorme de pastos...y en mitad una cabaña y un pequeño oasis verde al lado...es impresionante ver lo que se puede sacar de esta tierra con un poco de esfuerzo. En mitad de ese oasis, te enseñan con una sonrisa de oreja a oreja los árboles más preciados y más valiosos: papaya, mango, aloe vera, ruma y guava...junto a cultivos experimentales de tomates que no necesitan agua, patatas, páprika y cebollas. ¿Qué tienen un montón de necesidades todavía? Pues sí...y esto ha sido un pequeño parche...pero no dejo de pensar en que esa tierra sería igual que el campo de refugiados de Harte Sheik...una tierra baldía destinada a acoger a muertos de hambre. Ahora esta peña se lo está currando para salir adelante con una cooperativa...tienen miles de ideas para seguir avanzando....y lo mejor de todo es que lo van a hacer como ellos quieran y desde una perspectiva comunitaria. Y si se les puede llevar más recursos económicos mejor que mejor.
Fue una suerte visitar el proyecto justo cuando se realizaba un taller de intercambio de experiencias que se hizo con miembros de todas las comunidades cercanas con las que HFH tranaja...se contaban que es lo que estaban haciendo cada uno, cuales eran sus planes de futuro y cómo se podían ayudar unos a otros. Una experiencia muy bonita aunque triste. Tantas buenas ideas, tantas posibilidades de desarrollo, tanta predisposición y buena voluntad....y tan pocos recursos a los que acceder. Pero supongo que todo expatriado tendrá esa sensación con las comunidades con las que trabaja.
De Somali hay poco más que contar. El viernes regresé a Dire Dawa en coche, a 50km de Harar, y pasé allí la noche. Una pasada de ciudad...la segunda más populosa de Etiopía...y es preciosa...limpia, con un cierto orden en sus tiendas y calles, arboledas enormes y un tiempo envidiable, sobre todo por las noches. Mucha gente joven y muy buena vida nocturna. El sábado siguiente a las 15:00 ya estaba en Addis otra vez con más pena que gloria. Addis ahora me parece el paraíso comparado con cualquier otro lugar y la guesthouse, la cosa más limpia, más acogedora y más bonita del mundo. Ahí que ver lo que cambia nuestra perspectiva de las cosas. Todavía recuerdo la noche que me dejaron en el hotel y me daba cosa tocarlo todo ante los miles de mitos e historias que tenía dentro de la cabeza: que si las enfermedades, que si el agua, que si los bichos, que si las sabanas, que si la falta de higiene...me hubiese gustado verme esa primera noche en los sitios donde he dormido estos días.
Y nada más por el momento. ¡Seguiremos informado!
Un saludo a todos.
¡Hola a todos!
El trabajo de oficina te come cuando estás en Addis. En sí, toda la ciudad te come si pasas mucho tiempo metido en ella. El tráfico, el agobio, el caos...y sobre todo el estar trabajando por comunidades que tienes a tiro de piedra pero que todavía no conoces. Siempre estás deseando ir a terreno y cuando vas por primera vez, tu perspectiva de las cosas cambian radicalmente. Sobre todo es un empuje para tu trabajo porque es mucho más fácil escribir y plasmar la realidad en palabras cuando le has puesto cara a la gente. Ahora todo es mucho más claro.
Todo empezó con un viaje de fin de semana a Harar, en el Este del país y a escasos 100km de Jijiga, la capital de la región de Somali. Es allí donde el socio local Hope for the Horn desarrolla sus proyecto, en concreto en los distritos que se encuentran en la frontera con Somalia.
Harar fue un viaje de placer y una buena forma de acostumbrarse a otra realidad. Fue como una cámara de despresurización de Addis. Es una de esas ciudades viejas, con callejuelas pequeñas, recodos, cuestas...de esas en las que te puedes perder y encontrarte mil veces en el mismo día. Cuenta con una muralla con sus cinco puertas, cada una de ellas con su historia y su mercado. Es uno de los centros musulmanes, con 99 mezquitas desperdigadas por la parte nueva y la vieja. Pero no sólo viven musulmanes, son cosa del 90%...también hay ortodoxos...y lo bonito es que conviven casi todas las etnias en paz y armonía. No sé, me dio muy buen rollo este sitio. Todo muy tranquilo...sería el sitio ideal para retirarse. Que es lo que más o menos ha hecho un español, Carlos, que se ha venido a esta ciudad. Se casó con una chica de Harar y aquí que se ha venido a pintar...muy chula su obra...el tío la verdad es que es un genio. Debe ser que la ciudad los atrae, porque otro genio que he conocido aquí ha sido a Rimbaud...un poeta francés, de esos que llamaban los malditos. La diferencia con Carlos es que este está muerto y enterrado. Tiene un museo precioso, la antigua casa donde vivía...restaurada por el gobierno francés. La principal atracción de la ciudad es el Hombre Hiena, hasta Perez Reverte se vino a hacerle un reportaje. Está en las afueras de la ciudad y todas las noches se dedica a alimentar las hienas que pueblan los alrededores de Harar. Se dice que es por tradición religiosa...pero personalmente me quedó con que están más amaestradas que la perra Lassie y que es un reclamo para sacarle pelas al faranji. Eso sí, muy chulo tener a las hienas al lado tuyo...así muy en plan rollo safari park...eso sí, sin vallas y sin protecciones, que conste. Otra atracción muy curiosa de Harar es el chat....la droga oficial de este país, muy parecida a la hoja de coca. Aquí es impresionante la cantidad de gente que la toma y el daño que les ha hecho...por las aceras hay auténticos despojos humanos que comparten los restos de las ramas con las cabras (y sí, utilizo despojo porque hay personas que llegan a perder todo lo que son...es como si el chat les sacara el alma y sólo quedasen bolsas de huesos y piel cuyo único interés es seguir mascado y mascando hasta perder los dientes...es impresionante como la sociedad puede aceptar tan bien esta droga aún a pesar de ver sus efectos a diario).
Bueno, sobre Harar habría mucho más que contar...muchos sitios y mucha buena comida....bueno, muchos buenos huevos porque es lo único que he comido en este sitio :-p El lunes me vinieron a buscar para ir de Harar a Jijiga...muy majetos los de la oficina de Jijiga...el viaje mazo chulo, sobre todo por las vistas de especial interés para los geólogos...bueno, en especial para las geólogas por la forma de las rocas :-p El Valle de las Maravillas lo llaman. Los paisajes son además tremendos...sobre todo cuando se llega a los planos de antes de entrar en la región de Somali....es todo plano y verde...con un montón de plantaciones desperdigadas y rebaños de bueyes y camellos por todos lados. De repente aparecen unas montañas imponentes delante con una carretera que cruza la parte más baja...el paso de Ganarra...el que lleva a la ciudad de Jijiga y a la región de Somali. Y cuando pasas las montañas el paisaje cambia radicalmente...mucho más calor, mucho más amarillo, mucho más polvo...todo es más desértico, mas plano y más extenso...es una visión que acojona un poco...más que acojonar supongo que agobia tanta amplitud. Y en medio de toda esa inmensidad se vé la ciudad de Jijiga, un conglomerado de casas bajas que ha ido creciendo según llegaba gente de las zonas rurales afectadas por la sequía, contrabandistas de artículos de electrónica provenientes de Somalia y multitud de otros comerciantes, entre ellos los de chat. La gente es menos amigable que en Harar, están menos acostumbrados a los faranji, porque esto no es una ciudad turística...es un centro de negocios somalí. Muy curiosos los mini-buses de aquí....carros tirados por burros....inundan las calles y los coches escasean.
El punto flaco de la zona es su cocica: pasta, arroz o carne....es lo único que sirven la mayor parte de los restaurantes...ensaladas y frutas escasas...así que hay que ceñirse a una dieta alta en proteínas e hidratos de carbono. Eso sí, me encanta esto. Ayer paseé por el mercado y es la tremendo. Mucho mejor que Mercato, mucho mejor que el de Harar (exceptuando la parte de las especias)...tiene mogollón de encanto...al igual que toda la ciudad...no hay nada que ver, no es bonita, no tiene sitios para salir, no tiene comodidades...pero tiene encanto y mucho. Tampoco se porqué...a lo mejor por las pinturas que cubren todas las tiendas...si es de música te pintarán unas notas, un CD o un radiocassette...si es de cosméticos pues un champú y un par de pintalabios...si es una peluquería pues ya os lo imaginais. Eso le da mazo de colorido a todo, a lo que se unen las falditas en plan rollo pareo de los chicos y las telas con las que van vestidas las tías, preciosas.
Durante la estancia en Jijia fuimos a visitar uno de los proyectos cercanos, en la comunidad de Harre, a 30km. Con 300.000 EUR se ha cambiado la vida de miles de personas...que tienen un montón de necesidades....pero ahora por lo menos tienen agua, comida y educación....y todo eso se ha conseguido en un paraje destinado a convertirse en un desierto...hay que ver lo que la voluntad y los buenos proyectos pueden conseguir.
Al día siguiente salimos hacia Harte Sheik, uno de los antiguos campos de refugiados del ACNUR, a 100km de Jijiga. Es un viaje bastante tranquilo hasta que se pasa el campo de Kebri Bayeh. A partir de ahí la carretera está asfaltada con socavones y no se puede recorrer si no es en Land Rover. Ahora entiendo el porqué de las partidas de mantenimiento de vehículo. La visión al entrar en Harte Sheik es tremenda...no hay nada. Lo único que dejaron los refugiados fue suciedad, bolsas de plástico incrustadas en el terreno por 7 años de estancia, letrinas llenas por todas partes y la deforestación de toda la zona. Sólo existe un mercado floreciente de artículos de contrabando desde la frontera con Somalia y desde Djibouti...todo tipo de cosas a precios bastante más baratos que en Addis, excepto los productos básicos que son más caros por ser de importación. Una de las noches, uno de los ancianos de la comunidad me dijo: “Esa Coca Cola que te estás tomando cuesta en otras partes 2 birr. A nosotros nos cuesta 6 por venir de Djibouti...esa es la máxima expresión de nuestra marginación”. En Harte Sheik no hay servicios sanitarios, ni veterinarios, ni agua potable. La electricidad proviene de un generador que cubre las necesidades de una mínima parte del asentamiento y se apaga a las 22:30 para ahorrar. A esa hora salen a la calle los guardas con sus metralletas a proteger el asentamiento de bandidos y de hienas. Nosotros dormíamos en una de las pocas construcciones que no tienen formato chabola...el antiguo compound del ACNUR. No me hubiese importado dormir en esas “chabolas” porque por dentro son la leche de acogedoras...es lo que tienen las casas típicas somalíes: cutres por fuera, cojines y alfombras por dentro. Pero ya se sabe, la seguridad lo primero. A pesar de ello el compound se componía de una caseta de guarda y dos mini habitaciones sin ventanas con un par de colchones en el suelo...ni ducha, ni baños, ni agua, ni enchufes...vamos, el Seraton de Harte Sheik.
La comida, bueno...un caso a parte...arroz, espagueti y carne de camello...todo junto en macro bandejas....montañas de ello....y bueno, no apto para estómagos débiles ni gente escrupulosa. Intentad comer espagueti con una sola mano (porque usar la izquierda está mal visto)...o arroz. El truco está en coger una gran cantidad con los dedos y luego darle vueltas hasta que todo quede depositado en la palma...una vez eso hecho el resto es fácil, pero no agradable...por lo menos para los faranji. No sólo por la velocidad a la que come la gente, los ruidos y los sorbos, sino porque además es señal de respeto dar de comer al invitado...y no, no es agradable que el alcalde te meta un trozo de carne de camello en la boca con sus dedos rechupeteados. La primera vez cuesta pero bueno, a las siguientes te acostumbras y piensas: “si en la primera no me cogí una diarrea, ahora tampoco me la voy a tener porque coger”...y realmente luego ves que la limpieza de las manos antes de comer es extrema...así que no hay problema en ese sentido...el único problema viene de nuestra educación respecto a lo que es comer y como actuar. Realmente el único problema con la comida vino por la carne de camello y de cabra...demasiado fuerte para lo que estamos acostumbrados...aún todavía tengo ese sabor metido en la nariz. Lo mismo que con la leche...y peor aún, con el hígado...ese es el desayuno típico....hígado de camello....y eso es lo que tuve que desayunar. Lo único bueno es que te daba energía para aguantar carros y carretas. Por cierto, que también he probado la otra comida típica...vamos, el chat. Más malo que la madre que lo parió...cogeros unas hojas de parra y poneros a mascarlas porque es el mismo sabor.
Lo bueno es el rollo en que se toma...todos sentados en una habitación, relajaos y hablando de todo....es así como muy social......el efecto una tontería, como tomarse un par de cervezas....aunque bueno, yo tomé relativamente poco por el sabor tan amargo que tiene. Sobre otros efectos derivados de meterse un arbusto entero ya no comento nada :-p Comer chat es una obligación más que un placer, sobre todo porque a partir de las 15:00 no habrá nadie trabajando y estará todo el mundo mascando chat...así que si se quiere tener una reunión a partir de esa hora no queda otra.
Pues bueno, a 10km de Harte Sheik está el proyecto que tenía que visitar...en Bayllaley...y joer que sorpresa. Cuando te vas acercando a la zona empiezas a ver los resultados de tres años de regeneración medioambiental: bosques comunitarios y campos de pastos por todas partes. Es una sensación rara ver esos arbolitos en mitad de las llanuras estas...parece que es una acción tan pequeña comparado con la inmensidad de este país. Pero luego ves a la comunidad y hablas con la gente y esa sensación cambia porque es la gente el centro del proyecto, no el espacio que les rodea. Eso lo notas con mayor intensidad cuando te llevan a ver su mini bosque privado. Imaginad una llanura amarilla enorme de pastos...y en mitad una cabaña y un pequeño oasis verde al lado...es impresionante ver lo que se puede sacar de esta tierra con un poco de esfuerzo. En mitad de ese oasis, te enseñan con una sonrisa de oreja a oreja los árboles más preciados y más valiosos: papaya, mango, aloe vera, ruma y guava...junto a cultivos experimentales de tomates que no necesitan agua, patatas, páprika y cebollas. ¿Qué tienen un montón de necesidades todavía? Pues sí...y esto ha sido un pequeño parche...pero no dejo de pensar en que esa tierra sería igual que el campo de refugiados de Harte Sheik...una tierra baldía destinada a acoger a muertos de hambre. Ahora esta peña se lo está currando para salir adelante con una cooperativa...tienen miles de ideas para seguir avanzando....y lo mejor de todo es que lo van a hacer como ellos quieran y desde una perspectiva comunitaria. Y si se les puede llevar más recursos económicos mejor que mejor.
Fue una suerte visitar el proyecto justo cuando se realizaba un taller de intercambio de experiencias que se hizo con miembros de todas las comunidades cercanas con las que HFH tranaja...se contaban que es lo que estaban haciendo cada uno, cuales eran sus planes de futuro y cómo se podían ayudar unos a otros. Una experiencia muy bonita aunque triste. Tantas buenas ideas, tantas posibilidades de desarrollo, tanta predisposición y buena voluntad....y tan pocos recursos a los que acceder. Pero supongo que todo expatriado tendrá esa sensación con las comunidades con las que trabaja.
De Somali hay poco más que contar. El viernes regresé a Dire Dawa en coche, a 50km de Harar, y pasé allí la noche. Una pasada de ciudad...la segunda más populosa de Etiopía...y es preciosa...limpia, con un cierto orden en sus tiendas y calles, arboledas enormes y un tiempo envidiable, sobre todo por las noches. Mucha gente joven y muy buena vida nocturna. El sábado siguiente a las 15:00 ya estaba en Addis otra vez con más pena que gloria. Addis ahora me parece el paraíso comparado con cualquier otro lugar y la guesthouse, la cosa más limpia, más acogedora y más bonita del mundo. Ahí que ver lo que cambia nuestra perspectiva de las cosas. Todavía recuerdo la noche que me dejaron en el hotel y me daba cosa tocarlo todo ante los miles de mitos e historias que tenía dentro de la cabeza: que si las enfermedades, que si el agua, que si los bichos, que si las sabanas, que si la falta de higiene...me hubiese gustado verme esa primera noche en los sitios donde he dormido estos días.
Y nada más por el momento. ¡Seguiremos informado!
Un saludo a todos.

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